Crítica – Son of Babylon

Crítica de la película iraquí dirigida por Mohamed Al Daradji, ganadora del premio a la mejor película y el Premio Jurado Campus en el Festival de Sevilla 2010.

 

SINOPSIS

Norte de Iraq, año 2003. Dos semanas después de la caída de Saddam Hussein. Ahmed, un niño de 12 años, sigue a su abuela a regañadientes. La mujer se ha enterado de que han encontrado prisioneros de guerra vivos en el sur del país y esta decidida a averiguar si uno de ellos es su hijo desaparecido, el padre de Ahmed, quien nunca regresó de la guerra del golfo.

Desde las montañas del Kurdistan, hasta las arenas de Babilonia, viajan por caminos arrasados por las bombas, se cruzan con otros peregrinos en su misma situación, todos viajan en busca de alguien, de una nueva vida y de un futuro mejor. Luchando por entender la búsqueda de su abuela, Ahmed sigue el rastro de su padre al que nunca conoció. Aunque Ahmed es demasiado joven para comprender la importancia de su viaje, su vida cambiara para siempre.

 

OPINIÓN

Con una ambientación absolutamente hipnótica, ‘Son of Babylon’ es una descripción cruel y veraz de la actual posguerra iraquí (o mejor dicho, post invasión), mitad road-movie mitad retrato crudo que ahonda en el desconcierto alejándose del artificio y la tentación de caer en esa estética feísta tan apetitosa para este tipo de historias.

Ahmed se aferra a su flauta y la ilusión de ver los jardines colgantes de Babilonia. Su abuela al retrato de un hijo desaparecido y la fe de encontrarlo en mitad de un desierto arrasado por la muerte y sumido en un profundo caos invisible por completo a los ojos de Occidente. Suerte que de vez en cuando la ficción nos abofetea con esa misma realidad que los intereses de la información nos han filtrado.

Suena casi ridículo exigir credibilidad dramática a quienes no han tenido los mejores medios para formarse como intérpretes. Sucede que en este caso, pese a ciertos excesos o carencias, tanto Shazada Hussein como Yasser Talib y la totalidad de secundarios forman un casting que no brilla pero convence. Será porque sufrir en la proximidad ciertos conflictos te curte más que estudiar en la mejor escuela de interpretación.

Ahmed hace sonar su flauta en mitad de una nada que en realidad lo es todo. Decidimos seguirle seducidos por la enorme carga atmosférica y la ansiedad que provoca la curiosidad sobre su destino y el de su abuela. Lástima que su director y co-guionista, Mohamed Al-Daradji, nos mantenga en un pulso constante contra un segundo acto que en muchos momentos se muestra tedioso, frío y distante.

Su cámara no siempre quiere hacernos partícipes de lo que sucede ante ella, lo cual resulta chocante en una historia que rezuma humanidad por los cuatro costados. Sin embargo, y frente a los límites a los que el director somete la cámara, no es posible mantenerse ajeno a lo que sucede delante de ella.

Pero hay más cosas que impiden que ‘Son of Babylon’ termine de cuajar. La intensidad del conflicto parece desentenderse de la complejidad que lo nutre. Pasada la media hora nos acecha la idea de que ni se avanza ni termina de pasar nada, lo cual se convierte en certeza una vez que el autobús deja tirados a sus protagonistas a pocos kilómetros de Bagdad. La sensación de abandono se logra por completo, pero no sólo hacia ellos sino también hacia la propia historia. Tal vez la intención no sea otra sino hacernos recapacitar sobre el olvido y la angustia que se apodera de los familiares de los desaparecidos, pero se antoja insuficiente.

Ahmed hace sonar de nuevo su flauta. Podría ser demasiado tarde para volver a seducirnos, pero no lo es. Los últimos veinte minutos se tornan apasionantes y de un nivel sobrehumano que acojona. La escena en que Ahmed trata de salvar a su abuela de la locura es de diez: ella rendida junto a unos huesos que bien podrían ser los de su hijo; él tratando de demostrar que su padre no está muerto ahí ni en ninguna otra parte.

Toca regresar a casa. No hay final feliz (como tampoco lo hay en la guerra) sino unos puntos suspensivos que aterrorizan. Los créditos finales son sobre explicativos y más propios de un panfleto que de una película que tiene al perdón como verdadero telón de fondo aunque apenas acierte a pasar de puntillas sobre él.

A diferencia de su predecesora iraní ‘Lakposhtha hâm parvaz mikonand’ (‘Las tortugas también vuelan’), ‘Son of Babylon’ comete el pecado de dramatizar excesivamente el drama que ya existe por contexto, lo cual no hace otra cosa que llevar al filme a la desdramatización y la sensiblería casi gratuita. No es un trabalenguas, es una película que viene de otro sitio donde también se hace cine para gente que necesita soñar sin miedo a cerrar los ojos.

 

NOTA: 5

LO MEJOR: Las localizaciones y el empleo de las mismas. Y otra demostración de por qué hay que apostar por la V.O. Quien apueste por la doblada se perderá un magnífico mapa de matices y sonidos (de Iraq, no de Tokio ni mucho menos de Coixet).

LO PEOR: la distancia que mantiene el director en algunas escenas y planos hace que nos alejemos cuando deseamos lo contrario. La incapacidad de profundizar en el tema que se propone.

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