Crítica – La deuda

Crítica de la versión americana de la película israelí de 2007 titulada “Ha-Hov”.

SINOPSIS

En 1997, cuando dos ex agentes del Mossad, Rachel y Stefan, se quedan atónitos al enterarse de algo totalmente inesperado acerca de su antiguo compañero David. Los tres son considerados auténticos héroes en su país debido a una misión realizada hace años. En 1966, el trío persiguió y localizó a Vogel, un criminal de guerra nazi en Berlín Este. Arriesgaron sus vidas y pagaron un alto precio por cumplir la misión, pero ¿lo consiguieron? El suspense crece según pasamos de un periodo a otro mientras la acción aumenta entre revelaciones cada vez más sorprendentes.

 

OPINIÓN

Está claro que de haber alguna ciencia que estudie cuántos años deben pasar entre una película original y su remake, la alta industria norteamericana ignora por completo su existencia. Eso siendo bien pensados. Siendo lo contrario creeríamos que están acabados o que son capaces de todo por la pasta. Pero nosotros no somos de pensar mal. En absoluto.

En esta ocasión la damnificada es una película de 2007: ‘Ha-hov’ del israelí Assaf Bernstein. Sólo cuatro años después John Madden (autor de cintas tan alejadas entre sí como ‘Shakespeare in love’ o ‘Captain Corelli’s Mandoline’) decide hacer su remake.

‘The debt’ comienza como un thriller elegante que apuesta por una narración simultánea de dos épocas marcadas por una atmósfera general de tristeza. Sin embargo la cosa no tarda demasiado en torcerse. Al filme le cuesta horrores arrancar. El montaje, con idas y venidas excesivamente rápidas desde las primeras escenas, genera confusión y un ritmo torpe que siembra demasiadas dudas sobre su destino. El montaje en paralelo definitivamente no ayuda a que escuchemos el pistoletazo de salida. Y eso en este género se paga caro. Carísimo.

También sabemos que el conflicto amoroso entre dos hombres y una mujer es uno de los cebos más usados de la historia del cine. Solo que en este caso el anzuelo no atrapa un pulpo sino una lata de sardinas en escabeche. La relación a tres, además de no funcionar, sólo sirve de lastre entre dos historias paralelas que se entrecruzan con demasiadas dificultades debido a un abuso inexplicable del flashback.

Para colmo las provocaciones del cirujano de Birkenau son tan infantiles que sólo un crío estúpido y puesto de azúcar hasta las cejas podría caer en ellas. Sin embargo dos de sus protagonistas, agentes del Mossad supuestamente entrenados para su captura y entrega a la Justicia, caen constantemente en su verborrea tramposa de forma imperdonable y gratuita. El que se pica ajos come, sí. Pero quienes quedamos con el mal sabor de boca somos nosotros.

Una vez superada la primera media hora de guión torpe y azaroso, la película se recoloca y consigue centrarse en lo que de verdad importa y mejor funciona: el flashback que nos remonta al Berlín de mitad de los sesenta. El segundo acto de esta cinta, sin jugar del todo al ataque, sí es de primera división. Muchas de las secuencias de acción resultan de lo más convincentes, otras tiran demasiado del tópico y están cerca de aguarnos la fiesta con esa terrible sensación de haber visto esta película un millón de veces después de comer y antes de dormir. Aún así la tensión consigue mantenerse a flote.

Lo sorprendente es que, cuando por fin la película alcanza la altura que necesita, el guión decide descubrirnos demasiado pronto la verdad de los hechos (y que nunca contaron sus protagonistas). Y es ahí cuando definitivamente la película se va al traste. Madden se dedica entonces a darnos un tercer acto tan masticado que se convierte automáticamente en una bola intrascendente en nuestro paladar. El flashback deja de ser un recurso útil y pasa a ser un elemento cansino que conduce la historia al callejón sin salida de siempre: ese donde las emociones se explican con palabras y diálogos en off en lugar de resolverse con imágenes.

Con el reparto y las tramas sucede algo verdaderamente curioso: los actores que interpretan a los protagonistas en el presente son infinitamente más brillantes que los de 1966, pero la trama más jugosa (y realizada de forma encomiable) la viven estos segundos, dejando a un actor de la talla de Tom Wilkinson huérfano de todo gancho y a una mediocre Helen Mirren como máxima responsable de una carga dramática que le queda más grande que una túnica de Falete a Enrique San Francisco.

Los dos giros finales no están del todo mal logrados, pero al espectador medio le queda la sensación de haberle sobrado como mínimo el segundo. Incluso puede que hasta el primero. Ninguno satisface ya que la casualidad se impone sobremanera a la causalidad. Tanto el tema de la cinta como el supuesto background de sus protagonistas necesitan más metraje. Pero visto lo visto quizá eran demasiadas aspiraciones para un director que no pasa de correcto.

Con todo esto, ‘The debt’ no sólo no mejora su versión original sino que engorda de mala manera la infinita lista de películas que forman parte de una de las etapas más negras que jamás ha atravesado Hollywood en cuanto a imaginación y capacidad de riesgo se refiere. Esta época donde se siguen sumando películas que no hacen más que restar.

 

NOTA: 4’5

LO MEJOR: La trama que acontece en Berlín es emoción en estado puro. Admirable el respeto por las localizaciones y los idiomas originales lejos de la globalización yanqui que acostumbran otros filmes norteamericanos.

LO PEOR: La torpeza en el montaje paralelo. Interrumpe por completo el interés en la historia. El reparto ‘del pasado’ no está a la altura de quienes les interpretan en ‘el presente’.

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