Crítica – La boda de mi mejor amiga

Crítica de la película de Paul Feig con guión de Annie Mumolo y Kristen Wiig…

 

SINOPSIS

La vida de Annie está hecha un asco. Cuando se entera de que su mejor amiga Lillian va a casarse, se empeña en ser su primera dama de honor. A pesar de no tener pareja ni un centavo en su bolsillo, intenta salir airosa del comprometedor y caro ritual, al tiempo que va conociendo a las otras damas de honor del séquito de la novia, especialmente a su rival más directa (Helen). Mientras las guía por una creciente serie de desastres, Annie se da cuenta de que la persona que mejor la conoce le ha presentado a cuatro extrañas que van a dar un vuelco a su vida.

OPINIÓN

Tengo un par de amigas con las que a veces discuto si hombres y mujeres nos parecemos o no en el sentido del humor. Sé que el debate resulta de lo más rancio a estas alturas de partido. Y aunque me gusta pensar que todos y todas nos reímos más o menos de las mismas cosas (seguramente por distintos motivos) reconozco que en ocasiones no tengo más remedio que volver a plantearme de nuevo el asunto.

La última de esas ocasiones tuvo lugar tras el estreno de Bridesmaids (traducida sin piedad al español como La boda de mi mejor amiga aprovechando el filón de esa comedia sobrevaloradísima donde Julia Roberts hacía el mismo papel de siempre), una película cuyo único y principal atractivo es la oportunidad de comprobar la soltura con que se desenvuelve en la comedia un grupo de mujeres que rebasan sobradamente la treintena.

Pero nada de nada. Oportunidad perdida para el humor supuestamente ‘femenino’ de la guionista y actriz (no sé qué hace peor) Kristen Wiig. Lo siento pero no me creo nada de esta cinta. No hay comedia, ni conexión con los personajes, ni chispa en los diálogos, ni sarcasmo entre líneas ni mucho menos amor por el cine o por el mero entretenimiento. No dan ganas de que avance, sólo de que termine de una vez por todas, que no es lo mismo. No contagia nada salvo ganas de estar en otra parte.

Para entendernos: la película parte de la nada y viaja hacia el más absoluto de los vacíos. De cero a menos infinito en poco más de dos horas. Para hacérselo mirar.

Sin embargo, entre gestos de rechazo y movimientos incómodos sobre la butaca, escucho risas en la sala. Busco desesperadamente el origen de las mismas. Hacia un lado, hacia otro. No consigo entender. Parece que vienen de delante. Cuatro chicas, quizá sean cinco. Pero no puede ser. No es posible. Tengo amigas, una hermana, una madre y hasta puede que una novia. Conozco a muchas mujeres. Nunca se reirían con algo así. No son como ellas. A lo mejor van fumadas y yo no ¿Por qué no me río? ¿Y si no tengo sentido del humor? Creo que voy a volverme loco. No sé si estoy en una sala de cine o de torturas.

¿Pero cuándo demonios acaba esto? Cada escena es más artificial que la anterior. Pienso que no puede ir a peor y me equivoco de nuevo. Pocas veces me he sentido tan estúpido frente a la pantalla. Miro a mi alrededor y sólo veo caras de póquer y de vergüenza ajena. No puedo creer que alguien haya decidido invertir su dinero en producir semejante aberración. Con la que está cayendo.

La crítica norteamericana dice que es la comedia del verano. Será por los sudores incómodos que me bajan por la espalda. Bridesmaids no sólo no funciona como comedia sino que se acaba hundiendo cuando pretende ponerse seria. Al final no sé si he visto una película o una broma. Sea lo que sea, el resultado es fallido: una sucesión de sketches intranscendentes y sin rumbo que se estiran hasta acabar con la paciencia del espectador más pasivo del mundo. Si es que queda alguno despierto.

 

NOTA: 1’5

LO MEJOR: La única interpretación que se salva es la de Chris O’Dowd. Curiosamente, el personaje con los matices más trabajados en una película de mujeres es un hombre.

LO PEOR: El peor personaje por arquetipo tampoco es de una mujer, sino el que encarna el ya mítico Jon Hamm. Si esto es lo mejor que le ofrecen en cine, será mejor que siga con su fantástico Don Draper en Mad Men.

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