Crítica – Eva

Crítica de Kike Maíllo y la primera película de robots producida en España y ganadora en 2012 del Goya Mejor director novel, Mejor actor secundario y Mejores efectos especiales.

 

SINOPSIS

Año 2041. Un futuro cercano, donde los seres humanos viven acompañados de criaturas mecánicas. Álex, un reputado ingeniero cibernético, regresa a Santa Irene con un encargo muy específico de la Facultad de Robótica: la creación de un niño robot. En estos diez años de ausencia, la vida ha seguido su curso para su hermano David y para Lana que, tras la marcha de Álex, ha rehecho su vida.

La rutina de Álex se verá alterada de forma casual e inesperada por Eva, la increíble hija de Lana y David, una niña especial, magnética, que desde el primer momento establece una relación de complicidad con Álex. Juntos emprenderán un viaje que les precipitará a un final revelador.

 

OPINIÓN

Tras años de escritura y reescritura, el director novel presenta nervioso y optimista su primera película. Fuera de ella quedaron los distintos principios, finales, giros, personajes y diálogos descartados en favor de los elegidos. Por fin llega la noche del estreno: ese preciso momento en que la película dejará de pertenecerle por completo.

Kike Maíllo ha jugado siempre en casa. Nació en Barcelona, estudió en ESCAC (la escuela de Cine más importante de Catalunya) y realizó su primera serie de ficción (la tierna ‘Arros covat’) con la productora Escándalo Films para TV3. Con esta misma productora y mucha gente de su escuela dirige ‘Eva’, obra primeriza en la que apuesta por la robótica como principal reclamo.

El inicio de la película nos hace suponer que Maíllo conoce bien el tejido de la historia que se dispone a contarnos. La presentación de los personajes y el resto del primer acto fluyen como la seda gracias a un inteligente suministro de la información a través de las dosis correctas.

La elegante realización y la sobriedad visual, con una fotografía que ni destaca ni molesta, nos hacen permanecer en alerta ante cada cosa nueva que va sucediendo en pantalla. Los efectos especiales y digitales, peligro constante de chirrío en el cine patrio, son esta vez de muy notable factura.

Visto el primer acto y sumando la presencia del casi siempre incontestable Daniel Brühl, uno tiene clarísimo que ‘Eva’ es una ventana abierta que ventila el aire contaminado que respira gran parte del cine actual ‘made in Spain’.

Y sin embargo es una pena no poder mantener esta afirmación durante el resto de película. Porque curiosamente lo más artificial de ‘Eva’ son las escenas poco verosímiles que tratan la realidad y no las que incumben a la atmósfera sci-fi.

Está muy bien cuidar lo digital, ¿pero qué pasa con el guion y la dirección de actores? ¿Dónde están los personajes de carne y hueso? ¿Cómo puede un gato robot ser más entrañable que Lluís Homar o una ‘niña divertida’? Brühl está correcto, de acuerdo, pero su personaje es bastante plano. ¿Qué pasa con Marta Etura? ¿Por qué hace siempre el mismo personaje? ¿Y por qué cualquier frase dicha por Alberto Amman suena más falsa que un periódico de derechas hablando de ETA?

El segundo acto resulta exasperante con unos diálogos que sobrepasan lo forzado. La historia se queda sin combustible y el interés se queda tirado en la cuneta. El background del triángulo amoroso está bien nutrido emocionalmente, pero se diluye tan pronto que al final del segundo acto quedan pocas emociones sin congelar.

La estructura se resiente por agotamiento y el doble giro final es en realidad un doble salto mortal hacia el verdadero vacío argumental. El tercer acto está alargado con la torpeza propia de un guion que va de más a menos y de menos a nada. El final tarda tanto en llegar que, cuando lo hace, ya nadie le espera.

Con ‘Eva’, Kike Maíllo comete muchos pecados, pero ninguno tan grave como haber hecho un ejercicio de poesía moderna al servicio de la nueva burguesía que se agarra a toda obra distinta para sentirse única y exclusiva.

 

NOTA: 3

LO MEJOR: El primer acto es suficiente para agradecer las buenas intenciones. La seriedad en los efectos digitales. El interesante planteamiento robótico en un futuro inconcreto. Daniel Brühl, que sigue creciendo pese a roles tan pobres.

LO PEOR: El resto del reparto y de la película. Los diálogos a medio hacer suenan todavía peor en boca de Etura, Amman, Homar y, sobre todo, de la pequeña. Se hace larga, aburrida e inacabable.

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