Crítica – Destino Final 5

Crítica de la quinta entrega de la saga de terror adolescente donde es imposible escapar de la muerte.

SINOPSIS

No importa cuánto corras, no importa dónde te escondas, no puedes engañar a la Muerte. En Destino final 5, la Muerte está tan omnipresente como siempre, y se desata cuando la premonición de un hombre salva a un grupo de trabajadores del hundimiento de un puente colgante. Pero no estaba previsto que ninguno de ellos sobreviviera y, en una terrible carrera contra el tiempo, el desdichado grupo se lanza frenéticamente a la búsqueda de una forma de escapar a su siniestro destino.

 

OPINIÓN

‘¿Cómo sabías que iba a pasar?’ Esa es la pregunta que no dejan de hacerle una y otra vez al prota de la quinta entrega de ‘Final Destination’. Sí, sí: la quinta. Quienes primero la odiamos como trilogía ahora podemos hacerlo también como saga. Por estar agotada casi desde el principio. Por ser repetitiva hasta la saciedad y la angustia. Por recrearse en su clarísimo desgaste.

Para dirigir (já) la quinta entrega de este clásico (jajá) del terror (requetejá) la gente de New Line Cinema ha decidido apostar por alguien distinto a los de anteriores partes. Vaya usted a saber por qué. En este caso el (ir)responsable es Steven Quale, amiguete y colaborador de James Cameron, el único director que puede ‘presumir’ de haber reunido en una sala de cine a más espectadores con gafas que Bresson, Cassavetes y Bergman juntos. Ea.

Y al igual que en ‘Avatar’ aquí también tuvimos que ponernos las gafas para verla en 3D (¡dios, dios, dios!). Hasta hoy siempre me pasa lo mismo con las películas creadas al servicio de esta ‘nueva’ tecnología: llegado a un punto inconcreto y aburrido decido mirar por encima de las gafas con la esperanza de encontrar otra película mejor. Pero nada, siempre es igual de plana y de borrosa.

‘Final Destination 5’ es como un desfile de modelos pero sin gracia. O sea: como un desfile de modelos. Ya sabemos de qué va y salvo algún tropezón fuera de guión, es difícil que te enganches. Sólo hay sitio para la extravagancia y la sordidez. Una continua diarrea de secuencias que, a modo de carambola, carecen de la más mínima tensión y originalidad: puentes que se caen, tornillos que pueden provocar el desastre si se salen de su sitio, cables que echan chispas y están a punto de mojarse, persecuciones con pistolas y cuchillos de por medio, cabezas aplastadas… Lo de siempre. Más sí. Pero no mejor.

Algunos amigos me insisten con que estas películas no me las tengo que tomar en serio, que haga como con Aída Nízar. Y juro por mi madre que lo he intentado. Pero es tan inútil como darle a ésta un libro de poesía: además de no leerlo te lo devolverá subrayado en rosa. Ni siquiera el tono mitad paródico mitad esperpéntico de la cinta consigue sacarme una leve sonrisa. Y es precisamente eso lo que más me confunde de todo: a qué género pertenece. La película, no la tertuliana.

En realidad resulta inquietante que una película calificada de terror – porque nos engañemos, es lo que pretende ser – ponga todo su empeño en parecer una burla de sí misma y de los más hermosos tics del género. Pero no se queda a mitad de camino sino de la nada. De ahí mi absoluta incapacidad para tomármela en serio y mucho menos en broma. Lástima que el tono paródico de la saga se haya intensificado en esta última entrega. De haberlo hecho antes podría haber evolucionado hacia algo mucho más atractivo.

Quizá ya es demasiado tarde y lo mejor sea retirarse a tiempo. Pero tratándose de Hollywood la cosa promete ir para largo. Más aún tratándose de una fórmula tan machacada como rentable y fácil de escribir: pensad en unos personajes extrasosos en un lugar aparentemente tranquilo, sumad un cúmulo de desgracias remotas y dadle cinco vueltas de tuerca. El resultado no es España sino esta película.

¿Cómo sabía que iba a pasar? Muy simple: ya son demasiados destinos finales sin puntos de partida interesantes.

 

NOTA: 2’5

LO MEJOR: La escena con el entrenamiento de las gimnastas
LO PEOR: El guión es torpe y lento. El reparto aún más. El 3D no aporta nada.

Escribe un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *